El árbol de los valores




ENSEÑAR VALORES

Actualmente se habla mucho de la necesidad o ausencia de valores en diferentes campos de la vida, en especial en el área educativa. Pero, ¿de qué estamos hablando cuando nos referimos a valores?

A lo largo de la historia del pensamiento occidental moderno, el término valor ha sido definido de distintas maneras. El primer filósofo que pone en boga esta palabra es el alemán Friedrich Nietzsche en su obra "Genealogía de la moral", le siguen Max Scheler y Dietrich Von Hildebrand, entre otros.


CONCEPTO

El término valor viene del griego axio y del latín aestimable, lo que lo define como objeto de preferencia o elección. Más adelante, las lenguas romances tradujeron el término valor como valentía, coraje; y en alemán el término es (wert), que se traduce como precio de una cosa o utilidad de la misma. En consecuencia, el concepto valor tiene un doble significado: precio de la cosa y dignidad o mérito de las personas.
En la actualidad tiene todavía dos acepciones:
-Signo de lo que está bien o de lo correcto: moral.
-Algo que se tiene como valioso: belleza, verdad, justicia, etc.


DEFINICIÓN

Son aquellos parámetros de conducta y actitudes que toda persona debe tener para vivir en sociedad. Es aquello que la familia, la sociedad y la persona como individuo, consideran correcto y ético.


FUNCIÓN DE LOS VALORES (MAX SCHELER)

1- Patrones que sirven para guiar la vida del ser humano.
2- Orientan la actividad humana en situaciones concretas de la vida.
3- Influyen en la percepción que nos formamos de los demás. Sirven para juzgar a los demás.
4- Constituyen un plan general de apoyo y ayuda para resolver conflictos.
5- Sirven para mantener y exaltar la autoestima.


CARACTERÍSTICAS DE LOS VALORES (MAX SCHELER)

1- Los valores no son cosas, son más bien propiedades.
2- Son intemporales e inalterables. No son los valores los que cambian sino la visión que tiene el ser humano de ellos.
3- Son por lo tanto entes ideales (permanecen aún sin ser captados).
4- Son bipolares (valor – anti valor).
5- Se instituyen emocionalmente: la razón sola no basta, es necesario la intuición para captar un valor.
6- Son jerárquicos.
7- La realización de un valor implica su puesta en práctica en lo cotidiano (afirmar que los valores valen aunque nunca haya personas que entren en relación con ellos es absurdo). Por eso están por encima de la diversidad de opiniones y azares del tiempo. Son independientes de los individuos y épocas.


CLASIFICACIÓN DE LOS VALORES (MAX SCHELLER)

1- Valores sensibles
a) Por sí mismos: ej. agradable- desagradable
b) Por referencia: ej. útil- inútil

2- Valores vitales
Ej.: Noble- vulgar, enérgico- inerte, sano- enfermo, fuerte- débil

3-Valores espirituales
Estéticos: ej. bello- feo
Éticos: ej. justo- injusto
No éticos: ej. conocimiento- error

4-Valores religiosos: ej. santo- profano

Todos los valores están subordinados a valores personales. Como ya sabemos, estos valores personales son los superiores de carácter ético y religioso. Estos tienen la característica de hallarse regidos por el principio de SOLIDARIDAD, motivo por el cual estos valores no definen tanto a la persona individual (porque la persona humana no se constituye como tal sino en solidaridad con todas las demás).


CONSTRUCCIÓN DEL VALOR: EDUCAR ES UN DIÁLOGO SOBRE VALORES

Educar a un niño no es fácil, hay que ser pacientes y perseverantes en cuanto a su educación. Y cuando hablamos de educación nos referimos a la formación que los padres y docentes ofrecen en el día a día.

Que los niños adquieran correctos valores dependerá no solo de su propio carácter, sino de lo que aprendan en el seno familiar. Si crece en un ambiente en el que se siente querido, respetado y protegido aprenderá valores éticos adecuados. Los niños necesitan a alguien que los guíe, que los anime y los ayude en el transcurso de su vida. Necesitan sentirse apoyados, valorados y queridos. Y para eso están los padres, que deben ser su mejor ejemplo, su modelo a seguir en todos los aspectos. Tienen que enseñarles con el ejemplo y utilizar los valores que quieren que aprendan, no solo por ellos sino por sí mismos.

La vida es dura y difícil y tarde o temprano, los niños tendrán que tomar sus propias decisiones; que hagan lo correcto dependerá de la educación que les hayan dado y de los valores transmitidos. Como dice José María Contreras en su libro Hablar con los hijos “en el fondo, educar es un diálogo sobre valores”.

La situación crítica de los valores éticos que se observa en la sociedad demanda que la familia, la escuela y la misma sociedad replanteen sus actitudes y comportamientos éticos.

Las concepciones que en la convivencia construyen los estudiantes, determinan sus ideas, opiniones, convicciones sobre lo correcto, lo bueno, lo permitido y desarrollan la autorregulación y autonomía de su persona.

Educar en valores es un trabajo de siembra, ya que estos no se transmiten vía genética; es a través del ejemplo, la reflexión y la superación personal como se logra la incorporación de los mismos.

A partir de los cinco años, los niños pueden comportarse de forma cruel, aunque sin tener verdadera conciencia. Pueden herir, sin quererlo y sin saberlo, los sentimientos de los demás. Del mismo modo puede ser víctima de burlas. Por eso necesitan explicaciones y mucho apoyo de los padres y docentes. Se deben implicar y enseñarles a mantenerse al margen de peleas y a pedir ayuda. Es muy importante la actitud de éstos, ya que a esta edad los niños se fijan mucho en ellas e intentan imitarlos.

A partir de los diez años ya no son tan niños y empiezan a sufrir cambios, tanto físicos como psíquicos; tienen cambios de humor y de comportamientos significativos y muchos de los valores enseñados parecen ahora no tener sentido.
Muchos adolescentes expresan su inseguridad a través de un mal comportamiento (o mala conducta). Es importante que los padres y los docentes se muestren abiertos y pacientes y los ayuden a madurar, dándoles la oportunidad de experimentar, equivocarse y aprender de sus errores por sí solos, para que vayan encontrando sus propios valores.


EL ROL DE LOS PADRES

El mundo que nos rodea está cargado de actos y situaciones poco éticas, desagradables e incorrectas, y los niños lo absorben todo. Por eso, es de gran importancia el papel de los padres en la correcta educación. Todos los valores deben surgir del seno familiar. Los niños no nacen con virtudes sino que somos, primero los padres y luego el entorno, quienes se los mostramos. Tenemos pues el poder de cambiar el destino formando individuos con valores sanos. Para conseguirlo hay que practicar cinco normas básicas.

- Ser padres ejemplares: debemos mirar en nuestro interior, ver si somos y si nos comportamos como queremos que sean y se comporten nuestros hijos.

- Comunicación: debemos abrirnos a los hijos, hablar de nuestros sentimientos y pensamientos para que ellos se abran a nosotros.

- Reducir los impactos nocivos: la televisión, los videojuegos, internet y en general todo su entorno están cargado de impactos negativos que influirán en su conducta. Es conveniente asegurarse de que lo que ve y de que las personas con las que se rodea sean las más idóneas.

- Saber corregir: hay que frenar las conductas negativas, explicar las consecuencias de su actitud (siempre con un lenguaje adaptado a la edad y madurez del niño) y mostrar conductas correctas.

- Enseñar: dialogar mucho con ellos, razonando y explicándoles. Nunca hay que suponer que los niños saben las cosas. Debemos enseñárselas y la mejor manera es con ejemplos prácticos, con situaciones del día a día, con libros, cuentos, etc.

El primer agente transmisor de valores es la familia, principal protagonista en la vida del individuo, y la muestra de valores que se transmitan en ella será el pilar fundamental para sus relaciones y actitudes sociales futuras. Los padres quieren que sus hijos se comporten correctamente y que lleguen a ser buenas personas. Por ello, es necesario que desde pequeños les inculquen valores positivos.

Al nacer los hijos no son ni buenos ni malos, desconocen las normas que rigen su familia o su sociedad. Su conciencia ética se va a desarrollar con el paso de los años pero necesita de ayuda que les indique que sus actos son correctos o incorrectos. Por eso, es tan importante que se les enseñe los valores éticos que les permitan crecer y convivir socialmente.


EL ROL DE LA ESCUELA EN APRENDER A VIVIR

Según el profesor Antonio Llopiz, educar en valores tiende más a preocuparse por lo que los alumnos “sean más que por lo que sepan”. Expresa el profesor: “qué sentido tiene conocer valores conceptuales, que se asimilan con celeridad, sino se interioriza su actitud que es más lenta de aprender. Por ejemplo, ¿qué sentido tiene conocer la teoría física de la luz, si se la derrocha? O ¿para qué necesita conocer un sonido un niño, si a través de él molesta a otros?”.

Luego, del sistema educativo se espera que enseñe no sólo a "aprender a aprender" sino también a "aprender a vivir", siendo importante el papel de la escuela, en donde profesores, compañeros y toda la comunidad educativa con la cual interactúa el niño y el joven diariamente, transfieren algunos valores diferentes a los que el individuo ya había forjado.

En esta etapa, uno de los protagonistas principales, en cuanto a transmisión de valores, es el docente, quien con su ejemplo y forma de actuar enseña, ilustra. Por ello, el docente deberá estar muy atento a sus actitudes, palabras, gestos y tratar de que éstos sólo transmitan valores positivos, tales como respeto, unión, honestidad, tolerancia, solidaridad, sin incongruencias entre el "decir" y el "hacer".
Es aconsejable ofrecer a los alumnos una atmósfera de confianza y no olvidar que en los nuevos enfoques de la orientación educativa, el docente con su formación actual puede y debe poner en práctica la atención de sus alumnos en forma integral.

Debido a que los valores son inmodificables e imprescindibles y que cada persona los crea, el principal papel del educador es el de ayudar a sus alumnos en dicho proceso de creación o de modificación de esos valores si ya los tuviesen y no fuesen los adecuados. Para ello, el maestro debe:

- Impulsar los valores como base de todas las asignaturas académicas, los cuales faciliten al alumno a asumir conductas responsables, tolerantes, de trabajo, de unión, de respeto, de solidaridad.

- Promocionar actividades de convivencia entre padres y alumnos. En las actividades académicas diarias, estimular y desarrollar actitudes de análisis, meditación y conclusión.

- Apoyar e impulsar la comunicación padres-hijos a través de actividades sencillas. Por ejemplo, tener un "cuaderno de comunicación a padres", en donde el alumno escriba en forma muy resumida sus experiencias, reflexiones, dudas de su actividad diaria, lo cual deberá ser firmado por el maestro y los padres. Esto garantizará el intercambio de información y comunicación entre padres-maestro-alumno.

- Promover dentro de la educación formal, el desarrollo de personas éticas, libres y responsables, con capacidad para una interacción personal y social tolerante, democrática y constructiva, fomentando el equilibrio entre los contenidos académicos y la enseñanza en valores que favorezca el desarrollo integral del educando.

- Inspirar al alumno en la elección de sus valores personales y a conocer métodos prácticos para desarrollarlos y profundizar en ellos.

- Contrarrestar la influencia negativa, en cuanto a enseñanza de valores equívocos, que en su mayoría transmiten algunos medios de comunicación, en especial, la TV. El maestro deberá desarrollar el pensamiento crítico en los alumnos, ayudándoles a que sean personas conscientes y reflexivas en la adquisición de sus propios razonamientos y conclusiones.

A modo de repaso podemos decir que aunque los valores son inherentes a la persona y cada quien establece su escala de valores, también es cierto que éstos son conceptos que se deben transmitir como contenidos de enseñanza-aprendizaje en la escuela. Esto significa que se pueden enseñar y aprender, no solo como una dimensión de aprendizaje que se debe tener en cuenta en el proceso educativo, sino como uno de los factores básicos en la calidad de la educación.

En esta experiencia educativa, la figura y el rol del maestro son la base fundamental que orienta al alumnado hacia la consolidación de los objetivos propuestos, para el logro supremo de ir transformando al mundo que vivimos en algo especial y hermoso.

Hablando de la enseñanza de valores en el aula, el pedagogo español Fernando González Lucini resaltó la importancia de la ternura como un muro de contención contra la guerra. El especialista defendió los pequeños valores como la responsabilidad, el esfuerzo, el sacrificio, la compasión, la esperanza y, sobre todo, la ternura como base para la concreción de los grandes valores democráticos, como la libertad la igualdad y la solidaridad.

El especialista manifestó que los valores se necesitan para construir un proyecto de vida digno que llene de sentido nuestra existencia. Los valores están en crisis porque el horizonte de felicidad está marcado por el tener y comprar y no por un sano vivir democrático y porque vivimos en una cultura de derechos y no de deberes que perjudican al prójimo y por ende a la convivencia.

Los valores se deben enseñar en todas las disciplinas y de manera TRANSVERSAL.


QUÉ APRENDEN LOS NIÑOS A CADA EDAD

Conseguir que los niños entiendan lo que es bueno y correcto y sepan diferenciarlo de lo que es malo e incorrecto, dependerá de la madurez, del grado de entendimiento y de la comprensión del niño.

Para enseñar valores hay que tener en cuenta su edad y desarrollo (emocional, mental y social). No podemos exigir la misma responsabilidad a un niño de 3 años que a uno de 5.

Niños de 0 a 1 año: Los bebés desde que nacen necesitan, aparte de que se les cubran sus necesidades básicas de aseo y alimento, recibir el máximo amor y cariño por parte de los mayores. Es la manera de poder construir los cimientos sobre los que se levantará su seguridad, independencia y desarrollo. Los bebés no entienden de normas pero sí de ternura.

De 1 a 3 años: A esta edad todavía no dominan el lenguaje pero son capaces de entender algunas normas sencillas. Es la edad en la que necesitan los límites como pauta de su comportamiento, por ejemplo, “no tires tierra”, “eso no se toca”, “no se muerde”. Así aprenderán a reconocer lo que está bien y lo que no.

De 3 a 4 años: Los niños no solo necesitan límites sino también explicaciones para asimilar los valores. Ya entienden las normas aunque no siempre las respeten. Y éstas no se deben limitar a no dejarlos hacer algo sino que han de ser más amplias, como son las que les enseña a ser educados y a comportarse adecuadamente.

De 4 a 5 años: Aunque los niños siguen siendo egocéntricos tienen, de manera básica, un mayor sentido de la justicia (lo asimilan a la igualdad) y la empatía. Por ejemplo, saben que no pueden pegar porque al otro le dolerá (empatía) pero que si le pegan una patada él la devolverá (justicia).

A partir de los 5 años: Los niños pueden comportarse de forma cruel aunque sin tener verdadera conciencia. Pueden herir, sin quererlo y sin saberlo, los sentimientos de los demás. Del mismo modo, el niño puede ser víctima de burlas. Por eso necesitan explicaciones y mucho apoyo de los adultos. En esta etapa es muy importante la actitud de mayores, porque a estas edades se fijan mucho en lo que hacen e intentan imitarlos.

De 6 a 9 años: A esa edad los niños ya tienen una conducta más rebelde. Conocen los diferentes puntos de vista de una misma situación por lo que cuestionan las normas de sus padres y maestros. El niño ya tiene opinión propia sobre dichas normas y quiere actuar en consecuencia.

A partir de los 10 años: Los niños ya no son tan niños y empiezan a sufrir cambios, tanto físicos como psíquicos; tienen cambios de humor y de comportamiento significativos. Y muchos de los valores enseñados y acogidos parecen ahora no tener sentido. Muchos adolescentes expresan su inseguridad a través de un mal comportamiento (o mala conducta). Es importante que los adultos se muestren abiertos y pacientes y los ayuden a madurar dándoles la oportunidad de aprender de sus errores por sí solos, para que vayan encontrando sus propios valores.


VALORES PRIMORDIALES

Responsabilidad

Este valor se relaciona con el asumir las consecuencias de todos aquellos actos que realizamos en forma conciente e intencionada. Hay que dejar que los chicos vayan asumiendo responsabilidades, en la medida de sus posibilidades aun sabiendo que cometerán errores y equivocaciones. Hay que confiar en su capacidad.

Los niños pequeños viven la etapa de la independencia en la que lo quieren hacer todo ellos solos. Es un buen momento para que empiecen a asumir tareas como recoger sus juguetes y útiles, vestirse, etc.

Respeto por los bienes de los demás

Los niños deben aprender desde pequeños a respetar los bienes comunes que hay en la casa o en la escuela, así como bienes sociales como parques, bibliotecas, monumentos, etc.

Obediencia

Deben aprender a acatar las órdenes y consignas transmitidas por el docente.

Generosidad

Los niños deben aprender a actuar a favor de los demás, sin esperar nada a cambio. Los niños aprenden a ser generosos cuando por ejemplo, son animados a ceder sus juguetes en el juego, sus útiles escolares, sus pertenencias, etc.

Constancia y perseverancia

Este valor se aprende cuando los niños alcanzan lo que se proponen, buscando soluciones a las dificultades que puedan surgir, en un esfuerzo continuo.
La perseverancia brindará a los niños madurez, estabilidad, confianza en sí mismos. Lo van logrando a través de la resolución de problemas y dificultades; jugando, perdiendo o ganando, identificando errores y procurando no repetirlos.

Puntualidad y orden

Estos valores deben ser aplicados en la escuela y en las actividades que desarrollen fuera de ella.

Empatía

La empatía es la capacidad para entender las preocupaciones y problemas de los demás y compadecerse de ellos. Es la virtud que hace que las personas sean sensibles, tolerantes, compasivas, comprensivas, afectuosas y no violentas.

Los niños deben entender sus propios sentimientos y saber que los demás también tienen sentimientos, necesidades o preocupaciones igual que él.

Para inculcarles este valor lo primero que hay que hacer es escucharlos de verdad, sin menospreciar sus sentimientos. Si un niño está rabioso porque ha perdido un cuaderno hay que entenderlo y comprenderlo. Hay que evitar decir “no pasa nada ya te comprarán otro”, sino “sé cómo te sientes por haber perdido tu cuaderno”.

A veces los sentimientos están más ocultos y hay que destaparlos con preguntas del tipo “¿te sientes mal?, pareces nervioso”. Muchas veces cuando los niños se ven comprendidos por los mayores se sienten mucho mejor.

En el ejemplo se podría decir al niño “entiendo cómo te sientes, yo también estaría muy disgustada si perdiera alguna cosa”. Es importante hablar de sentimientos, los de los adultos y también los de los chicos, y preguntar a menudo “¿cómo te sientes?”.

Conciencia

Es la base para una vida decente, una sólida ciudadanía y comportamiento ético y moral. La sociedad que nos rodea bombardea al niño de influencias negativas, que lo pueden convertir en una persona sin moral, sin empatía, sin autocontrol y sin buena conciencia.

Hay que ayudarlo a construir su conciencia y estimular su inteligencia moral. Ser un ejemplo para él, tratarlo de forma respetuosa, hablar con él de lo que está bien y mal, corregir y razonar sus conductas negativas.

Autocontrol

El autocontrol es lo que permite tomar decisiones correctas en situaciones tentadoras, significa tener control de sí mismo. A veces vivimos situaciones que nos alteran tanto que se nos pasa por la cabeza hacer cosas malas e incluso horribles pero el autocontrol evita que eso suceda.

El autocontrol es lo que permite a los niños a regular su conducta de forma que sólo realicen las cosas que son correctas. Es una virtud muy necesaria en la sociedad actual tan cargada de violencia.

Si un niño es de los que pierden el control y acaban con gritos, palabrotas y patadas, es bueno enseñarle a respirar profundamente y contar hasta diez para relajarse.

Poco a poco irá aprendiendo que una vez que se actúa ya no hay marcha atrás y que entonces se debe asumir el resultado de los actos. Nuestro objetivo como mayores es ayudar a los niños a darse cuenta de que tienen control sobre su vida y sobre las decisiones que toman.

Hay que enseñarles a pensar antes de actuar imaginando las posibles consecuencias. Los niños necesitan practicar en la toma de decisiones, así que es necesario ayudarlos a examinar detenidamente las posibles consecuencias y guiarlos para que tomen decisiones seguras y correctas; de esta manera, con el tiempo aprenderán a actuar como es debido y sin ayuda.

Respeto

Es tratar a los demás como nos gustaría que ellos nos tratasen a nosotros mismos. La educación en el respeto empieza en casa, cuando la manera de dirigirnos entre nosotros es correcta, cuando mantenemos una actitud cordial y respetuosa con los hijos. Así estamos inculcando este importante valor en ellos.

Debes mostrar respecto por los niños aceptando sus opiniones, sus deseos y sus gustos, y haciéndoles partícipe de los asuntos de casa, pero eso tampoco significa que se les deban otorgar todos los caprichos.

Todos los niños viven la etapa de las palabrotas, hay que hacerles entender que esas palabras malsonantes pueden herir o molestar a los demás y que lo mismo sucede con las peleas.

Replicar, responder irrespetuosamente y las malas contestaciones están en alza, y esto puede tener resultados muy negativos en el ámbito social. Corregirlas es trabajo de los padres y los maestros. Ante una situación de falta de respeto lo primero que hay que hacer es decirlo, explicar cómo se siente uno al ser tratado así y enseñar nuevas conductas que sustituyan a las inapropiadas.

También hay que enseñar a los niños a discrepar respetuosamente, mediante el uso de la palabra y siendo correctos.

Bondad

Es el valor de preocuparse por los demás, por su bienestar y sus sentimientos de manera altruista. Son las ganas de hacer el bien y no el mal.

Todos los niños nacen con la capacidad de ser buenos y es con nuestro estímulo hacia acciones bondadosas, lo que hace que ese valor se asiente en su carácter.

Para que los niños sean bondadosos deben saber que las palabras y las acciones crueles son ofensivas y hieren a las personas. Deben aprender que este tipo de acciones tienen consecuencias. Por ejemplo, que un niño se burle de otro por llevar anteojos es cruel y no debemos permitirlo, de lo contrario esa crueldad irá en aumento.

Sinceridad

Es uno de los valores que consideramos más importantes. La sinceridad es la base de la confianza. Debemos enseñar a los niños que no hay que mentir pues haciéndolo se contraen consecuencias desagradables como la falta de confianza, enemistad y enfados.
Mintiendo no se solucionan los problemas.

Los niños pequeños a menudo mienten porque confunden la realidad con la fantasía pero los niños mayores mienten porque tienen miedo al castigo por haber hecho algo, para evitar la recriminación, por lo que no se debe abusar de los castigos.

Muchas veces las mentiras en los niños de más de 6 años revelan una falta de confianza en sí mismos.

No violencia

La agresividad en los niños y adolescentes está en continuo aumento. Debemos enseñar a convivir en armonía. La agresividad es innata en todo ser humano y es buena en su justa medida, es decir, es lo que nos hace defender nuestros propios intereses y defendernos haciéndonos valer, pero cuando la integridad o la vulnerabilidad del prójimo está en peligro entonces hablamos de una agresividad negativa que hay que evitar.

Debemos enseñar a los niños a controlar la agresividad. Para enseñar valores pacíficos a los niños lo primero que hay que hacer es evitar el maltrato, controlar su entorno (televisión, videojuegos, internet, amistades) para evitar las imágenes o situaciones cargadas de violencia. Se debe frenar en seco los comportamientos violentos y explicar, en un lenguaje sencillo, la situación y su consecuencia.

Colaboración

Todos los niños pequeños pasan la etapa de querer ayudar en el aula y, aunque su ayuda resulte el doble de trabajo para nosotros, es importante permitirles que nos brinden su colaboración.

De hecho deben tener la obligación de realizar tareas (adaptadas a cada edad), aunque sean pocas y sencillas. Así aprenderán a colaborar, a realizar trabajos en equipo, a integrarse y a valorar los esfuerzos.

Si les damos la oportunidad, aunque al principio se necesite una gran dosis de paciencia, en un futuro veremos la recompensa. No olvides elogiar el esfuerzo y la colaboración de tu alumno.

Modales

Se ha demostrado que tan malo es un exceso de autoridad como dejar hacer por completo todo lo que quiera el niño. Lo idóneo es un término medio.

Los niños tienen que ir aprendiendo los buenos modales poco a poco y una vez más hay que predicar con el ejemplo. Si les pedimos las cosas con un “por favor” y luego les damos las “gracias” como algo normal y habitual, ellos también acabarán haciéndolo.

Es importante ir inculcando normas básicas de conducta como por ejemplo saludar, pedir permiso o no interrumpir a los compañeros.

Consideración

Ser considerado significa tener la capacidad de renunciar en beneficio de los demás, de tus propios intereses. Preocuparse primero por otros antes de mirar por nosotros mismos.

Los niños pequeños, menores de 3 años, no saben que sus actos pueden molestar a los demás (no tienen ni la edad ni la madurez para ello), pero poco a poco hay que ir explicándoselos. Por ejemplo, hacer ruido puede molestar a los otros niños que duermen; se debe estar callado cuando los demás hablan; no hay que tirar cosas al suelo; hay que ser amable.

Una forma de guiar y corregir la conducta en determinadas situaciones es proponiendo una acción alternativa: en el caso del ejemplo del ruido a la hora de la siesta sería indicar al niño un juego más silencioso que no pueda molestar a los demás.

Tolerancia

Es respetar a los demás por su carácter y comportamiento, aceptando sus diferencias y reconociendo sus derechos y necesidades.

Ser respetuoso aún cuando sus ideas, creencias o prácticas sean diferentes a la de los demás, como por ejemplo debe aprender a escuchar.

A menudo, las personas poco tolerantes suelen ser individuos inseguros, con miedo a los cambios y a lo desconocido. Otras veces es la ignorancia o falta de información lo que hace que los niños desarrollen prejuicios.

Hay que ayudar a nuestros alumnos a descubrir las cualidades positivas de las personas y enseñarles desde pequeños, que ninguna persona es mejor que otra. Dialogando, explicando y mostrando abiertamente diferencias y similitudes hará que se sientan más seguros y sean tolerantes.

No hay que permitirles comentarios discriminatorios de ningún tipo. Y si esto sucede debemos conocer los motivos por los que lo hacen y después dialogar, explicar y enseñar el comportamiento correcto.

Justicia

Es una virtud que nos permite ser honestos, tener una mentalidad abierta. Es el valor que nos ayuda a escuchar antes de juzgar, a compartir, a respetar las normas.

Un niño que aprende justicia será mucho más tolerante, amable, comprensivo y atento, y se convertirá en el mejor ciudadano, trabajador, amigo, padre, alumno que podamos desear.

Si queremos que nuestros niños sean justos debemos tratarlos de igual forma, evitando favoritismos entre compañeros, estableciendo normas justas, prestando atención al niño, admitiendo los errores, actuando con imparcialidad, no juzgando de antemano, evitando las comparaciones.

Un ambiente escolar hostil no va ayudar a los niños a desarrollar los fundamentos de la justicia y a menudo deriva en trastornos afectivos duraderos.

Una forma de enseñar justicia es incitarles a que piensen cuál es la solución más justa a sus problemas. Hay que enseñarles a que vean las cosas desde todos los puntos de vista (ponerse en el lugar del otro les permitirá conocer la justicia y la injusticia).

Que los niños sean parte de la solución muchas veces hace que se detengan, piensen y se calmen. Si es necesario ofreceremos nuestra colaboración para mediar en la situación.

Anima a tu alumno a defender tanto sus propios derechos como los de los demás cuando se enfrente a un trato injusto. Enséñale la importancia del juego limpio y de la deportividad.

Civismo

Tener este valor significa que eres capaz de mirar a tu alrededor y acudir en ayuda de quien lo necesita, de quien está en apuros. Y es una virtud que denota seguridad y confianza en uno mismo, así como integridad moral.


Lic. Susana Cantini
DEPARTAMENTO DE EDUCACIÓN PARA LA SALUD
DIRECCIÓN GENERAL DE PROMOCIÓN, PREVENCIÓN Y ATENCIÓN PRIMARIA
MINISTERIO DE SALUD –MENDOZA